Las propuestas educativas tienen una virtud que pocas políticas pueden presumir: sus efectos son medibles, sus mecanismos son conocidos y su implementación depende más de voluntad política que de recursos económicos. La dificultad no es técnica. Es política.
La propuesta concreta es esta: una asignatura de introducción a las lenguas cooficiales en los cursos de tercero a sexto de primaria, en todas las comunidades autónomas de España, con una carga horaria de una hora semanal. No tres asignaturas separadas sino una única asignatura de patrimonio lingüístico español que aborda las tres lenguas de mayor implantación desde una perspectiva cultural, histórica y de comprensión básica.
El objetivo no es crear hablantes. Es crear ciudadanos que reconozcan esas lenguas como suyas aunque no las dominen. Un niño que al terminar sexto de primaria puede entender el sentido general de una conversación sencilla en catalán, reconoce las estructuras básicas del euskera y puede leer un texto simple en gallego tiene una relación con esas lenguas radicalmente distinta a la de quien las ha oído nombrar solo en el contexto del conflicto político.
La carga horaria equivale a la de música en la mayoría de los currículos autonómicos. Nadie propone eliminar la música de primaria porque los niños ya tienen suficiente carga. Si la música cabe, esto también cabe.
La metodología es la clave. El error que no puede repetirse es el del inglés durante décadas: gramática antes que comunicación, corrección antes que familiaridad. Lo que funciona es la exposición cultural: canciones, cuentos, juegos de palabras, gastronomía, geografía, literatura infantil adaptada. La familiaridad no se enseña: se experimenta.
La objeción al profesorado es la más seria técnicamente y la más fácil de resolver políticamente. Los programas de formación en inglés que las comunidades autónomas han desarrollado durante las últimas dos décadas demostraron que el sistema educativo español es capaz de formar a decenas de miles de maestros en una lengua que no dominaban. Hacerlo con las lenguas propias del país es, si acaso, más sencillo porque la proximidad lingüística reduce el umbral de competencia necesaria.
Una hora semanal durante cuatro cursos. Canciones, cuentos y curiosidad. Es poco. Es alcanzable. Y es exactamente el tipo de medida que produce efectos a veinte años que ninguna política de corto plazo puede replicar.