Tres crisis, una lección: España no puede permitirse depender de todo

El COVID llegó en marzo de 2020 y España descubrió que no podía fabricar mascarillas. La invasión de Ucrania llegó en febrero de 2022 y España descubrió que importaba el 74 % de su energía. El cierre del Estrecho de Ormuz en 2024 interrumpió rutas de suministro esenciales y España descubrió que no tenía mecanismos de respuesta autónoma.

Tres crisis en cuatro años. Tres demostraciones del mismo problema estructural. Y tres oportunidades de actuar que España ha aprovechado de forma insuficiente.

No es mala suerte. Es el resultado predecible de décadas de decisiones económicas que priorizaron la eficiencia de costes a corto plazo sobre la resiliencia estructural a largo plazo. La globalización prometía que la especialización era racional. Es una promesa que tiene un asterisco que nadie puso en letra grande: funciona mientras las cadenas de suministro globales funcionan. Cuando se rompen, cada país está solo con lo que tiene.

El caso de las mascarillas es el más ilustrativo. La industria manufacturera española representaba en 2018 el 12 % del PIB, frente al 17,8 % de 2000. El Ministerio de Sanidad tuvo que comprar respiradores a proveedores chinos pagando casi el doble del precio al que los consiguió una empresa española, porque en el momento de máxima necesidad no había capacidad de producción nacional.

La lección de las tres crisis no es que la globalización es mala. La lección es que la eficiencia y la resiliencia son valores en tensión que las democracias tienen la obligación de equilibrar conscientemente. Un sistema perfectamente eficiente no tiene redundancias ni stocks de seguridad. Es el más productivo posible en condiciones normales y el más frágil posible en condiciones de crisis. La resiliencia requiere redundancia. Requiere capacidades que no se usan en condiciones normales y que existen precisamente para cuando las condiciones dejan de ser normales.

España necesita un plan B. No porque la globalización vaya a colapsar definitivamente sino porque las tres crisis de los últimos cuatro años han demostrado que puede interrumpirse de forma parcial, temporal y sin previo aviso con consecuencias graves.

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