Las seis medidas: un sistema, no un retoque

El debate público sobre el problema de la vivienda en España ha producido en los últimos años una abundancia de propuestas parciales. Topes de alquiler, recargos sobre vivienda vacía, incentivos fiscales para el alquiler asequible, impuestos sobre las transacciones de grandes tenedores: cada una de estas medidas responde a una parte real del problema, y ninguna de ellas es suficiente por sí sola. La razón es estructural: cuando se cierra una vía de optimización sin cerrar las demás, el capital simplemente migra hacia las que quedan abiertas. Una medida aislada no cambia el sistema de incentivos, lo reordena temporalmente.

Lo que hace falta no es una medida mejor sino un sistema de medidas complementarias que se cierren mutuamente las salidas. Eso es lo que propone este análisis: seis instrumentos diseñados para actuar de forma coordinada, cada uno abordando una dimensión distinta del problema y reforzando la eficacia de los demás.

La lógica que une el sistema

Las medidas 1 y 3 forman un subsistema con una lógica común: quien tenga viviendas tiene dos opciones, alquilarlas en condiciones asequibles o asumir una penalización creciente. No hay tercera vía. Las medidas 2 y 4 forman otro subsistema: el primero grava la tenencia de patrimonio residencial concentrado, y el segundo cierra las salidas de optimización que harían ineficaz cualquier tributo sobre la tenencia si no se impide la fragmentación patrimonial a través de estructuras societarias. Las medidas 5 y 6 completan el sistema: la primera ofrece alternativas de inversión que hacen racional la transición, y la segunda establece topes de precio que actúan sobre el síntoma mientras las otras medidas actúan sobre la causa.

Las seis medidas

La primera es un recargo progresivo sobre rentas de alquiler por concentración. A partir de la cuarta vivienda alquilada, la tributación sobre los rendimientos netos aumenta de forma escalonada. El objetivo no es recaudar sino hacer económicamente irracional la acumulación masiva.

La segunda es el Impuesto sobre Acumulación de Vivienda, que grava la tenencia de patrimonio residencial concentrado con independencia de los rendimientos que genere. Es la pieza que falta en todos los debates anteriores sobre fiscalidad de la vivienda.

La tercera es la penalización severa de la vivienda vacía. Una vivienda desocupada de forma injustificada en una ciudad donde personas no pueden acceder a vivienda no cumple ninguna función social. La penalización se convierte en el supuesto más gravado del sistema.

La cuarta es el cierre de salidas laterales mediante un diseño antielusivo robusto. El cómputo por beneficiario efectivo, la agregación por grupo familiar y sociedades vinculadas, y la coordinación entre Catastro, Registro de la Propiedad y Agencia Tributaria son condiciones necesarias para que las medidas anteriores no se vacíen a través de la fragmentación patrimonial.

La quinta es la creación de alternativas de inversión para la transición. Bonos de transición energética, exenciones por venta al parque público y fondos de promoción de vivienda social ofrecen vehículos hacia los que redirigir capital de forma que la transición sea económicamente racional.

La sexta son los topes de precio en zonas tensionadas, tanto en alquiler como en venta especulativa, incluyendo un recargo por retención especulativa en venta que penaliza mantener una vivienda en oferta a precio inalcanzable durante más de doce meses sin operación.

Lo que estas medidas obligan a decir a quien las rechace

Una propuesta bien construida no solo define lo que quiere hacer: define también lo que obliga a decir a quien se opone. Quien vote en contra de este sistema tendrá que defender públicamente que es razonable que un mismo propietario concentre veinte viviendas en una ciudad donde miles de ciudadanos no pueden acceder a su primera. Esa es una posición políticamente muy difícil de sostener en campaña, y la dificultad no proviene de la demagogia sino de la evidencia objetiva sobre la que descansa la propuesta.

Tabla de réplicas narrativas:

Cuando digan ‘Eso espanta la inversión’ → ‘Queremos inversión en vivienda para vivir, no para especular’
Cuando digan ‘Reducirá la oferta de alquiler’ → ‘Reducimos la oferta especulativa, aumentamos la oferta real’
Cuando digan ‘Es confiscatorio’ → ‘Confiscatorio es que una generación entera no pueda acceder a vivienda’
Cuando digan ‘Ataca la propiedad privada’ → ‘No atacamos la propiedad: exigimos que cumpla su función social’

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